Los estados hipertensivos constituyen la complicación médica más frecuentemente asociada al embarazo. La hipertensión arterial crónica se caracteriza por cifras de presión arterial diastólica igual o mayor a 90 mmHg en dos o más tomas con mínimo de 4 horas de diferencia entre las tomas. Se considera hipertensión arterial crónica la aparición de la entidad fuera del embarazo o antes de la semana 20 de gestación. La hipertensión arterial crónica se considera leve cuando las cifras tensionales sistólicas oscilan entre 140 y 159 mmHg y las diastólicas entre 90 y 109 mmHg. Cuando la tensión arterial sistólica excede 160 mmHg y la diastólica 110 mmHg el cuadro se considera grave. La hipertensión arterial crónica es esencial; es decir, de origen desconocido en 90% de los casos y es secundaria a otras afecciones (nefropatías, aldosteronismo primario, feocromocitoma, lupus, enfermedad de Cushing, coartación aórtica, etc.) en el 10% de los casos.
Complicaciones
La hipertensión arterial crónica puede causar aborto, muerte fetal, retraso de crecimiento intrauterino y desprendimiento prematuro de placenta normoinserta. Asimismo puede originar complicaciones maternas como diabetes mellitus, insuficiencia cardiaca, insuficiencia renal, hemorragia intracerebral y coagulación intravascular diseminada. La preeclampsia sobreagregada se presenta en 25 a 50% de los casos.
Tratamiento
En pacientes con hipertensión crónica leve se pueden instaurar medidas generales de tratamiento como restringir el consumo de tabaco y café así como la actividad física, reposo en decúbito lateral izquierdo, suplementos de calcio y monitorización secuencial de la tensión arterial. En casos de hipertensión arterial crónica grave se debe asociar tratamiento farmacológico con el objetivo de prevenir las complicaciones maternas y fetales. El tratamiento antihipertensivo recomendado puede ser en base a las siguientes drogas: Bloqueantes adrenérgicos alfa 2 de acción central: alfametildopa y clonidina. Antagonistas adrenérgicos beta: propanolol y atenolol. Bloqueantes adrenérgicos alfa y beta 2: labetalol. Vasodilatadores: hidralazina. Bloqueantes de los canales de calcio: verapamilo y nifedipina. Bloqueadores adrenérgicos alfa: prazocín.
De estas drogas, las de primera elección para la gestación son la hidralazina, labetalol, nifedipina y verapamilo. El uso diuréticos y de inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina como el captopril y enalapril está proscrito durante la gestación. La inducción de madurez pulmonar con betametasona y la monitorización del feto a partir de la semana 28 de gestación con pruebas de bienestar fetal como monitoreo anteparto no estresante, perfil biofísico, test de movimientos fetales y perfil hemodinámico Doppler, reduce la morbimortalidad perinatal asociada.
HIPERTENSIÓN GESTACIONAL O TRANSITORIA
La hipertensión arterial transitoria o hipertensión arterial gestacional es aquella que ocurre durante el embarazo, parto o puerperio en mujeres previamente normotensas y desaparece en el transcurso de los 10 primeros días post parto. La principal característica de la hipertensión arterial gestacional o transitoria es que no está asociada a proteinuria. Las complicaciones maternas y fetales son similares a las descritas en la sección de hipertensión arterial crónica. Asimismo el esquema de manejo no presenta variaciones con respecto al descrito para la hipertensión arterial crónica.
PREECLAMPSIA Y ECLAMPSIA
Definición y etiología
Se entiende como preeclampsia la aparición de proteinuria y edema asociados a hipertensión después de la semana 20 de gestación. La proteinuria es mayor de 300 mgs por litro de orina en 24 horas y el edema con fóvea después de 12 horas de reposo en cama. La etiología exacta de la preeclampsia no ha sido totalmente dilucidada; no obstante, la mayoría de los estudios señalan un trastorno de la invasión trofoblástica como principal factor implicado. En la gestación normal se presenta la segunda oleada de invasión trofoblástica a partir de la semana 22 de gestación, que se caracteriza por la invasión de la pared de las arterias espirales maternas que son transformadas en amplios conductos, resistentes a la acción de agentes vasomotores, con capacidad de transporte de volúmenes importantes de sangre al espacio intervelloso. En la preeclampsia este proceso fisiológico no ocurre con normalidad, resultando en una disminución de la perfusión útero-placentaria con lesión y disfunción del trofoblasto y endotelio vascular con cambios fisiopatológicos subsecuentes como pérdida de la resistencia a catecolaminas y angiotensina II, limitación del aumento del volumen intravascular, aumento del gasto cardiaco y en casos extremos trastornos de la coagulación. La eclampsia corresponde a trastornos convulsivos, obnubilación, confusión, estupor o coma usualmente en relación a la preeclampsia, puede aparecer durante el embarazo, parto o puerperio y se asocia a hipoxia, isquemia, hemorragia, vasoespasmo, edema cerebral y encefalopatía hipertensiva.
La preeclampsia se presenta más comúnmente en mujeres primigestas y se ha determinado una asociación familiar con la incidencia del cuadro. Los factores étnicos, raciales y socio-económicos no parecen influir en el desarrollo de esta entidad; no obstante, la eclampsia se presenta con mayor frecuencia en los estratos socioeconómicos bajos.
Diagnóstico
La identificación de las pacientes con riesgo de presentar preeclampsia se debe realizar con la aplicación de las siguientes pruebas de despistaje:
Prueba del volteo o “roll over test”: Consiste en la detección de un aumento de 20 mmHg o más al cambiar la paciente de la posición decúbito lateral a decúbito supino. A pesar de ser de fácil aplicación su utilidad está limitada por baja sensibilidad y especificidad.
Determinación de las cifras tensionales: La tensión arterial diastólica igual o mayor de 90 mmHg, aumento de tensión arterial sistólica de 15 mmHg o más en relación a las cifras tensionales del inicio del embarazo y el aumento de la presión arterial media han sido utilizados como predictores de preeclampsia.
Estudio Doppler: La persistencia de la incisura protodiastólica y el índice S/ D mayor de 2,6 en la arteria uterina después de la semana 26 de gestación se ha asociado a riesgo de preeclampsia.
Prueba de sensibilidad arteriolar a la angiotensina II: El aumento de la reactividad vascular a la angiotensina puede detectarse antes de la instalación de la signosintomatología de la preeclampsia. No obstante el alto porcentaje de falsos positivos y falsos negativos de la prueba y la ausencia de preparados comerciales de angiotensina II limitan su aplicación clínica.
Disminución del calcio urinario: La concentración de calcio urinario igual o menor a 12 mgs % en la orina de 24 horas se asocia a preeclampsia con valor predictivo positivo de 85% y valor predictivo negativo de 91%.
Determinación de la fibronectina: La elevación plasmática de los niveles de fibronectina procedente del endotelio es criterio de riesgo de preeclampsia.
Otros factores como microalbuminuria, medición de isoferritina placentaria e inhibición del factor activador del plasminógenose han asociado al desarrollo de preeclampsia. Asimismo las titulaciones de antitrombina II, precalicreína, tromboglobulina beta, tromboxano y prostaciclina pueden ser de utilidad para identificar las pacientes de riesgo.
Tratamiento
El tratamiento preventivo consiste en el reposo diurno en decúbito lateral izquierdo y la mejora nutricional con dieta rica en carnes, pescados, trigo y gelatina. La restricción de la ingesta de sodio no ha mostrado ser de utilidad. La administración diaria de bajas dosis de ácido acetilsalicílico y calcio según algunos estudios parece disminuir la incidencia de preeclampsia, aunque otras investigaciones no han demostrado efecto benéfico alguno. Una vez instaurada la entidad hay que determinar la severidad del cuadro clínico antes de instaurar el tratamiento. La preeclampsia leve se caracteriza por elevación de la tensión arterial sistólica de 15 mmHg en relación a las cifras tensionales del inicio del embarazo con elevación de la tensión arterial diastólica de 90 a 109 mmHg, proteinuria de 300 a 1.000 mgs por litro de orina en 24 horas y edema en miembros inferiores. La preeclampsia severa se caracteriza por elevación de la tensión arterial sistólica de 160 o más mmHg con elevación de la tensión arterial diastólica de 110 o más mmHg, proteinuria superior a 3.000 mgs por litro en orina de 24 horas y edema generalizado. Concomitantemente, la paciente con preeclampsia severa puede presentar malestar, cefalea intensa, epigastralgia, hiperreflexia, escotomas, tinnitus, oliguria, hemoconcentración y cambios retinianos evidenciados al fondo de ojo. El tratamiento dependerá de la severidad de la preeclampsia y de la edad gestacional. Si el embarazo es a término o se comprueba la madurez pulmonar se realizará la resolución obstétrica en todos los tipos de preeclampsia. En los casos de preeclampsia leve con embarazo pretérmino se puede realizar manejo expectante armado. Se debe considerar la hospitalización de la paciente y se indican medidas generales, reposo diurno en decúbito lateral, dieta, aspirina a bajas dosis y calcio diariamente. Si las cifras tensionales diastólicas no exceden 90 mmHg no es recomendable administrar tratamiento hipertensivo; en caso contrario se puede indicar hidralazina, labetalol, nifedipina o verapamilo. La evaluación prenatal se debe realizar por lo menos 1 vez a la semana y se deben incluir exámenes de laboratorio de parámetros hematológicos, funcionalismo renal, funcionalismo hepático y pruebas de coagulación. Asimismo se deben realizar pruebas de bienestar fetal. A partir de las 28 semanas de gestación es recomendable el uso de betametasona con el objetivo de inducir madurez pulmonar. Si el cuadro materno clínico o paraclínico se agrava o las pruebas de bienestar fetal muestran alteraciones se debe considerar la resolución obstétrica dependiendo de la severidad de la alteración. En casos de preeclampsia severa de 34 o más semanas de gestación se realizará la resolución obstétrica. Igualmente se deben interrumpir los embarazos no viables. Entre las 26 y 34 semanas de embarazo, dependiendo del estado materno y fetal, se puede considerar la conducta expectante. El manejo de estos casos se debe realizar con la paciente hospitalizada. La evaluación prenatal se debe realizar por lo menos 1 vez al día y se deben incluir exámenes de laboratorio de parámetros hematológicos, funcionalismo renal, funcionalismo hepático y pruebas de coagulación. Asimismo se deben realizar pruebas diarias de bienestar fetal. El objetivo del tratamiento es controlar la tensión arterial materna e impedir las convulsiones para prolongar el embarazo, inducir madurez pulmonar y mejorar la expectativa de vida neonatal. Las cifras tensionales se deben controlar para evitar la falla ventricular izquierda y la encefalopatía hipertensiva. Las drogas comúnmente utilizadas son hidralazina, labetalol, nifedipina y/o verapamilo administradas por vía oral y la dosis se ajusta según la respuesta de cada paciente en particular. La droga de primera elección para prevenir las crisis convulsivas en las pacientes con preeclampsia severa es el sulfato de magnesio. La dosis de carga consiste en 4 gramos vía endovenosa y la dosis de mantenimiento 2 gramos vía endovenosa cada hora preferiblemente administrados con bomba de infusión continua. Se debe realizar el monitoreo clínico y paraclínico materno para descartar posible toxicidad del fármaco. Con tratamiento preventivo las convulsiones son raras, no obstante, si se presentan se debe administrar fenobarbital por vía endovenosa. El uso de diazepam no es recomendable porque induce apnea materna con riesgo de aspiración y porque induce mayor depresión fetal. La administración de fenitoína en infusión continua de 15 a 25 mgs/ Kg peso vía endovenosa (administrada a velocidad de infusión inferior a 25 mgs/minuto) seguido de 100 mgs/hora por vía endovenosa también es útil para prevenir las crisis convulsivantes en las pacientes preeclámpticas. La resolución obstétrica debe ser considerada si se presenta deterioro materno o fetal. La mortalidad perinatal dependerá de la edad gestacional de resolución, peso al nacer y desprendimiento prematuro de placenta. La mortalidad materna es rara en la actualidad y está asociada a desprendimiento prematuro de placenta, ruptura hepática y eclampsia. El riesgo de recurrencia de preeclampsia se ha estimado alrededor de 45% de los casos.
HIPERTENSIÓN ARTERIAL CRÓNICA CON PREECLAMPSIA SOBREAGREGADA
Esta entidad se presenta en 25 a 50% de las embarazadas con hipertensión arterial crónica. Se caracteriza por el aumento de 30 mmHg o más de la tensión arterial sistólica con aumento de 15 mmHg o más de la tensión arterial diastólica. Concomitantemente se presenta proteinuria igual o superior a 300 mgs por litro en orina de 24 horas y edema en pacientes en las que previamente se ha diagnosticado hipertensión arterial crónica. Las consideraciones del manejo de estos casos son similares a las descritas para los cuadros de preeclampsia.
SÍNDROME DE HELLP
Definición y clínica
El síndrome de HELLP consiste en una entidad clínica caracterizada por hemólisis (H), elevación de las enzimas hepáticas (EL) y disminución del recuento plaquetario (LP). Usualmente el síndrome se presenta en pacientes gestantes con preeclampsia y la mayoría de los autores lo consideran una complicación de esta entidad. La paciente con síndrome de HELLP suele presentar malestar general y dolor en epigastrio o hipocondrio derecho, aumento excesivo de peso y edema generalizado. Concomitantemente se puede presentar hipertensión y proteinuria además de dolor abdominal difuso, ictericia, hematuria y otras hemorragias. Los hallazgos de laboratorio que constituyen criterio para el diagnóstico consisten en la demostración de hemólisis en un frotis de sangre periférica con bilirrubina indirecta igual o superior a 1,2 mg/ dl, aumento de la deshidrogenasa láctica superior a 600 UI /L, aumento de la TGO igual o mayor a 70 UI/L y plaquetopenia inferior a 100.000 plaquetas por mm3. Martin y colaboradores, de la Universidad de Mississippi clasificaron la severidad del síndrome basándose en el recuento plaquetario e igualmente establecieron el riesgo de eclampsia asociado a los casos de síndrome de HELLP.
Tratamiento
Las gestantes que padecen este síndrome presentan riesgo de mortalidad y la resolución obstétrica está indicada independientemente de la edad gestacional, preferiblemente por parto vaginal si no existen contraindicaciones obstétricas. En embarazos prematuros, sin descompensación clínica y hematológica materna y sin compromiso del bienestar fetal, se puede considerar el retardo de la resolución obstétrica 48 a 72 horas para la administración de betametasona vía intramuscular con el objeto de inducir madurez pulmonar fetal y disminuir el riesgo de síndrome de membrana hialina. En casos que cursen con elevación importante de la tensión arterial se deben administrar agentes antihipertensivos para disminuir la postcarga y evitar el fallo ventricular izquierdo. Asimismo, el control adecuado de las cifras tensionales evitará la encefalopatía hipertensiva. Se debe administrar sulfato de magnesio, o en su defecto fenitoína, por vía endovenosa para prevenir los trastornos convulsivos asociados al síndrome. En algunos casos se requiere la transfusión de hemoderivados. Si el recuento plaquetario materno es inferior a 40.000 plaquetas/mm3 y se presenta hemorragia se debe transfundir concentrado plaquetario. Igualmente, si el recuento plaquetario materno es inferior a 20.000 plaquetas/mm3 se debe realizar la transfusión de plaquetas aún en ausencia de hemorragias. La administración de 8 a 10 unidades de concentrado de plaquetas suele ser suficiente ya que cada unidad aumenta el recuento plaquetario en aproximadamente 10.000 plaquetas/mm3. Si el hematocrito disminuye a 30% o menos está indicada la transfusión de concentrados de hematíes. En casos de síndrome de HELLP con deterioro materno importante en los que el manejo convencional y la resolución obstétrica no mejoran el cuadro clínico y hematológico de la paciente se debe considerar la realización de plasmaféresis para lograr la recuperación.
CARDIOPATÍAS MATERNAS
La coexistencia de cardiopatías maternas y embarazo es relativamente frecuente ya que afecta alrededor del 1% de todas las gestaciones. Cada caso debe ser catalogado como embarazo de alto riesgo independientemente de la naturaleza de la cardiopatía y de la severidad funcional de la misma. La clasificación funcional propuesta para la enfermedad cardiaca por la New York Heart Association es I: pacientes asintomáticas, II: síntomas a grandes esfuerzos, III: síntomas a pequeños esfuerzos y IV: síntomas en reposo. El control y manejo de los casos de gestantes cardiópatas debe ser realizado por un equipo multidisciplinario compuesto por el obstetra-perinatólogo, el internista y el cardiólogo. El conocimiento de los cambios hemodinámicos fisiológicos originados por el embarazo es indispensable para comprender como afecta el embarazo a la cardiopatía y viceversa, lo cual permite la aplicación temprana de cuidados especiales y tratamientos específicos para cada caso en particular.
Todas las gestantes presentan aumento del gasto cardiaco con disminución de la resistencia vascular periférica y pulmonar materna. Estos cambios pueden generar insuficiencia cardiaca, edema pulmonar y, en casos extremos de cardiopatías severas, la muerte materna. Los fetos pueden presentar restricción del crecimiento intrauterino, compromiso del bienestar fetal o muerte fetal en 20% de los casos, principalmente asociado a cardiopatías complejas con clases funcionales III y IV. Se debe evitar el embarazo en pacientes con hipertensión pulmonar, síndrome de Marfán con raíz aórtica dilatada mayor de 4 cms, miocardiopatía dilatada con insuficiencia cardiaca congestiva, enfermedad congénita cianótica, lesiones obstructivas sintomáticas y shunt invertido de derecha a izquierda (síndrome de Eisenmenger), por la alta mortalidad materno-fetal.
Los cuidados prenatales de las pacientes cardiópatas embarazadas incluyen el estricto control prenatal, reposo, restricción de sal, digitalización, monitorización de la función cardiaca y digitalización profiláctica. Durante el parto y el puerperio se recomienda la adecuada analgesia, restricción de líquidos endovenosos, administración de oxígeno, profilaxis antibiótica, profilaxis de trombosis y prevención postural del edema pulmonar. El tratamiento básicamente se realiza a base de drogas antihipertensivas, digitálicos, antiarrítmicos, antiagreagantes plaquetarios y anticoagulantes y dependerá de la cardiopatía específica y su clase funcional.
DIABETES GESTACIONAL
Etiopatogenia
La diabetes es una complicación médica relativamente frecuente con el embarazo. Alrededor de 3% de las pacientes gestantes presentan intolerancia a la glucosa en el transcurso de la gestación. De este grupo de gestantes, algunas son pacientes previamente asintomáticas que desarrollan el trastorno por los efectos diabetogénicos del embarazo, y otras corresponden a pacientes con diabetes mellitus diagnosticada antes del embarazo. Previo al uso de la insulina la diabetes era causa importante de infertilidad y la mortalidad materna de las pacientes que lograban embarazo era superior al 40%. En la actualidad la mortalidad materna es prácticamente nula gracias al control de la glicemia logrado con la administración de insulina. No obstante, la diabetes aún constituye un trastorno médico que asociado al embarazo produce importantes afectaciones fetales y neonatales con la respectiva morbimortalidad perinatal asociada.
El embarazo es un fenómeno fisiológico capaz de desencadenar la diabetes en mujeres asintomáticas, principalmente en pacientes con predisposición genética y pacientes obesas con reserva pancreática limitada. La gestación produce aumento de resistencia a la insulina por secreción de hormonas esteroideas: gonadotropina coriónica, estriol y progesterona. Durante la primera mitad del embarazo la elevación de estas hormonas induce hiperplasia de las células beta del páncreas con aumento de la producción de insulina y disminución de la glicemia en ayunas. Hacia la segunda mitad de la gestación se estimula el aumento de la secreción de cortisol, glucagón y prolactina inducido por el efecto anabólico previo. El lactógeno placentario producido en el sincitiotrofoblasto incrementa la lipólisis y además ocurre un aumento de la glucogenogénesis y gluconeogénesis. Asimismo, durante el embarazo ocurre la destrucción de la insulina por enzimas placentarias. Estos eventos constituyen los principales factores fisiopatológicos capaces de inducir o agravar los cuadros de diabetes durante el embarazo.
Complicaciones
Usualmente las pacientes diabéticas insulinodependientes requieren el uso de mayores dosis de insulina durante la gestación para mantener sus cifras basales de glicemia dentro de los límites normales. El embarazo constituye contraindicación absoluta para el uso de hipoglicemiantes orales por riesgo de hiperinsulinemia fetal e hipoglicemia e hiperbilirrubinemia neonatal. Por este motivo las pacientes con diabetes mellitus no insulinodependiente deben iniciar esquema de tratamiento con insulina durante la gestación. La variación de las dosis y terapias durante el embarazo puede conllevar a alteraciones en el control de la glicemia que representan riesgo materno y fetal. En pacientes con lesiones orgánicas suele presentarse un agravamiento del daño: progresión de la retinopatía y lesiones vasculares, complicación de la nefropatía con insuficiencia renal y aumento de la mortalidad por miocardiopatía diabética. Adicionalmente la gestante diabética presenta aumento del riesgo de presentar hipo o hiperglicemia, cetoacidosis, trastornos hipertensivos, corioamnionitis, infecciones urinarias o de cualquier otra índole y alteraciones tiroideas. Las complicaciones obstétricas más comunes en las pacientes diabéticas son el aborto, parto pretérmino, corioamnionitis, ruptura prematura de membranas, desprendimiento prematuro de placenta y hemorragias post parto. Los fetos productos de madres diabéticas presentan mayor riesgo de desarrollar malformaciones congénitas probablemente inducidas por hiperglicemia, hipercetonemia, hipoglicemia, déficit de ácido araquidónico y vasculopatía materna. Se estima que el riesgo de anomalías en estos fetos es tres veces mayor al de la población general y de 1 a 2% de los productos de madres diabéticas presentan una malformación congénita mayor. La anomalía congénita más característica –aunque no la más común- es el síndrome de regresión caudal, caracterizado por hipoplasia o agenesia de sacro, hipoplasia femoral, luxación congénita de caderas y otras displasias caudales. Las malformaciones congénitas más frecuentes que ocurren en estos fetos son cardiovasculares y del sistema nervioso central: defecto del septum ventricular, defecto del septum auricular, transposición de grandes vasos, situs inversus, coartación aórtica, hipoplasia del ventrículo izquierdo, anencefalia, holoprosencefalia, encefalocele, espina bífida, mielomeningocele y malformación de Arnold-Chiari. Adicionalmente se puede presentar polihidramnios, macrosomía fetal, óbito fetal, agenesia o displasia renal, hidronefrosis, atresia esofágica, atresia duodenal y atresia anal entre otras (ver sección de malformaciones congénitas). Los neonatos de madres diabéticas presentan aumento de la morbimortalidad con respecto a la población general. Las complicación neonatal que se presenta más frecuentemente es la macrosomía fetal (peso superior a 4.000 grs al nacer). La macrosomía fetal puede inducir traumatismo obstétrico. Otras complicaciones neonatales frecuentes son hipoglicemia menor de 40 mgs %, hipocalcemia, hipomagnesemia, hiperbilirrubinemia, policitemia e hiperviscosidad sanguínea, taquipnea transitoria, enfermedad de membrana hialina y trastornos de alimentación.
Diagnóstico
Es importante identificar, clasificar e instaurar tratamiento precozmente en la gestante previamente diabética o que desarrolla diabetes durante el embarazo. Se recomienda realizar la prueba de despistaje de diabetes gestacional en todas las mujeres embarazadas entre las semanas 24 y 32 de gestación. La prueba más ampliamente utilizada es la carga 50 y consiste en la determinación de la glucosa plasmática materna 1 hora después de la ingesta de 50 grs de glucosa. Si el resultado es superior a 200 mgs % se debe realizar glicemia en ayunas y si esta a su vez informa 120 o más mgs % la paciente será considerada diabética. Si la carga 50 resulta entre 135 y 200 mgs % se considera la paciente de riesgo para diabetes gestacional y se debe realizar la curva de tolerancia glucosada de 3 horas con carga 100 grs de glucosa. Se debe indicar una dieta de 200 grs de carbohidratos durante 3 días previos al estudio y la paciente debe asistir con 11 horas de ayuna. En el laboratorio se tomará muestra para determinación de glucosa plasmática en ayunas. Posteriormente se administrará una solución con 100 grs de glucosa vía oral y se realizarán mediciones de glicemia a 1, 2 y 3 horas. Los valores superiores normales según el National Diabetes Data Group son los siguientes: glicemia en ayunas 105 mgs %, a la hora 190 mgs %, a las dos horas 165 mgs % y las tres horas 145 mgs %. Se considerará la paciente diabética cuando se presenten 2 o más valores alterados. La alteración de un solo valor se ha asociado a riesgo de macrosomía fetal.
Clasificación y pronóstico
Después de la identificación de la gestante diabética se debe realizar la clasificación para determinar el riesgo e instaurar el tratamiento adecuado. Según el National Diabetes Data Group la diabetes mellitus se clasifica en tipo I o diabetes insulinodependiente, tipo II o diabetes no insulinodependiente y tipo III o diabetes gestacional. Esta clasificación es sencilla pero inadecuada para estimar el riesgo de la gestante diabética. La clasificación más utilizada a nivel mundial es la propuesta por la Dra. Priscilla White en 1.980. La clasificación se basa en la edad de aparición de la enfermedad, tiempo de evolución, presencia angiopatías y complicaciones. Las categorías de esta clasificación son: Diabetes gestacional: detectada durante el embarazo y puede o no requerir el uso de insulina. Clase A: pregestacional, se controla con dieta, de cualquier tiempo de evolución y aparición a cualquier edad. Clase B: aparición después de los 20 años de edad con menos de 10 años de evolución. Clase C: aparición entre los 10 y 19 años de edad o evolución de 10 a 19 años. Clase D: aparición antes de los 10 años de edad y más de 20 años de evolución. Clase R: Retinopatía proliferativa. Clase F: Nefropatía con proteinuria superior a 500 mgs/ día. Clase RF: Cumple los criterios R y F. Clase H: Enfermedad cardiaca arteriosclerótica clínicamente aparente. Clase T: transplante renal previo. La desventaja de la clasificación de White es su complejidad y adicionalmente las pacientes de un mismo grupo no presentan homogeneidad en el pronóstico. La presencia de trastornos hipertensivos, cetoacidosis, nefritis y polihidramnios fue asociada por Pedersen y colaboradores a descontrol metabólico y son indicadores de mal pronóstico.
Tratamiento
Una vez identificada y categorizada la gestante diabética se procederá a indicar la terapéutica adecuada. El tratamiento para la diabetes gestacional en principio es nutricional. El cálculo de la dieta lo realiza el profesional en nutrición en base a 35 calorías por Kg de peso ideal /día y el 50 a 60% del aporte energético debe provenir de carbohidratos complejos, 20% de proteínas y el resto de la ingesta de lípidos. Si la aplicación del régimen dietético logra mantener las glicemias en ayunas por debajo de 105 mgs % y las postprandiales por debajo de 140 mgs % no se requerirá el uso de insulina. No obstante, si la paciente es diabética pregestacional insulinodependiente o usuaria de hipoglicemiantes orales (contraindicados en el embarazo) o si se trata de una diabética gestacional con glicemias elevadas a pesar de la dieta, se debe recurrir al uso de insulina. No existe un esquema único de tratamiento insulínico, ya que las dosis dependen de la severidad de la afectación y de la respuesta individual de cada paciente a la administración de insulina exógena. Usualmente las gestantes diabéticas son tratadas con combinaciones de insulina NPH y cristalina. Es razonable iniciar el tratamiento con pequeñas dosis y ajustarlo según la respuesta de la paciente. Un ejemplo sería iniciar el esquema de tratamiento con 10 unidades de insulina NPH + 5 unidades de insulina cristalina vía subcutánea antes del desayuno, seguido de 10 unidades de insulina NPH a las 4 PM. Se deben realizar mediciones de glicemia venosa y capilar seriadas durante los primeros días del tratamiento para ajustar las dosis según la respuesta clínica de cada caso en particular. Los valores de glucosa plasmática del feto son similares a los de la madre, por lo cual al lograr el control de la glicemia materna se logra también el control de la glicemia fetal disminuyendo el riesgo de complicaciones fetales y neonatales.
Recomendaciones
Si una paciente diabética asiste a la consulta preconcepcional se deberá solicitar la prueba de glicemia venosa y hemoglobina glucosilada para determinar el estado de control de la glicemia. Se indicará la dieta, actividad física y tratamiento hipoglicemiante adecuado. Adicionalmente se indicará la ingesta diaria de 4 mgs de ácido fólico durante 3 o más meses antes de la concepción para disminuir el riesgo de defectos de cierre del tubo neural. Se recomendará la búsqueda de embarazo cuando se logre el control de la glicemia. Esta práctica puede disminuir significativamente el riesgo de malformaciones congénitas fetales. Una vez embarazada, es recomendable que la paciente diabética sea evaluada por el perinatólogo, médico materno-fetal u obstetra experto en ultrasonido para descartar precozmente la ocurrencia de malformaciones congénitas. El síndrome de regresión caudal, los defectos del tubo neural y otros defectos congénitos son diagnosticables durante el primer y segundo trimestre y las cardiopatías durante el segundo trimestre. Las ecografías sucesivas se deben realizar cada 4 a 6 semanas y el objetivo principal es la monitorización del crecimiento, ganancia de peso fetal y cantidad de líquido amniótico. Las pruebas de bienestar fetal adquieren importancia durante el tercer trimestre de gestación. El monitoreo de la frecuencia cardiaca fetal, perfil biofísico y perfil hemodinámico Doppler son estudios que se realizan en forma rutinaria en estas pacientes. La utilidad de la vigilancia fetal anteparto radica en la identificación precoz de fetos comprometidos para evitar la muerte intrauterina mediante la aplicación de tratamiento médico o resolución obstétrica prematura de emergencia. Algunos autores han propuesto la administración rutinaria de betametasona intramuscular con el objeto de inducir maduración pulmonar a partir de las 28 semanas de gestación. Se debe tomar en cuenta que los fetos producto de madres con diabetes gestacional presentan retardo en la madurez pulmonar probablemente inducido por producción inadecuada de surfactante alveolar. Esta premisa se corrobora por los bajos niveles de fosfolípidos y por el retardo en la aparición del fosfatidilglicerol en el líquido amniótico. La edad gestacional que se considera en la mayoría de los centros de atención obstétrica de alto riesgo a nivel mundial para la resolución obstétrica es la semana 39 si no se presentan complicaciones maternas o fetales. Si se presenta alguna complicación materna o fetal antes de la semana 39 se considerará el riesgo y beneficio de la resolución obstétrica. Si se realiza amniocentesis para determinar madurez pulmonar se debe tomar en cuenta que la razón de lecitina /esfingomielina compatible con madurez pulmonar en ausencia de fosfatidilglicerol o con presencia inferior a 3% puede corresponder a un resultado falso positivo. La incidencia de traumatismo obstétrico y cesáreas está aumentada en las pacientes diabéticas por la macrosomía y malposiciones fetales, no obstante, la diabetes per se no es una contraindicación para el parto vaginal. Es ideal que durante el trabajo de parto y parto o cesárea la glicemia materna se encuentre totalmente controlada con el objeto de disminuir las complicaciones neonatales. Las complicaciones neonatales de los hijos de pacientes diabéticas han sido listadas anteriormente en esta sección.
El control de la glicemia no debe culminar con la resolución obstétrica. Durante el puerperio usualmente la dosis de insulina requerida es menor y puede ocurrir la descompensación de la paciente. El reajuste de la dieta y dosis de insulina, reinicio de hipoglicemiantes orales o suspensión del tratamiento dependerá de la respuesta de cada paciente en particular. Asimismo se debe informar a la madre que alrededor de 19 a 24% de las pacientes permanecen con la enfermedad después del parto y en caso contrario, el riesgo de recurrencia en próximos embarazos es superior a 50%. Asimismo se ha estimado que un 30 a 60% de estas pacientes desarrollan diabetes mellitus durante el transcurso de los años subsiguientes.
OBSTÉTRICAS
ABORTO
Definición y etiopatogenia
Se entiende por aborto la pérdida del embarazo antes de la semana 20 de gestación. Aproximadamente un 15% de la totalidad de los embarazos culminan en abortos espontáneos. No obstante, solo el 25% de estos abortos son identificados clínicamente; ya que, el 75% restante ocurre antes de la implantación y las pérdidas se interpretan como menstruación. Alrededor del 80% de los abortos ocurren durante el primer trimestre de gestación y se denominan abortos precoces. El 20% de los abortos restantes ocurren durante el segundo trimestre de gestación y se clasifican como abortos tardíos. Aproximadamente 2 /3 de la totalidad de los abortos corresponden a causas genéticas. El fallo genético más frecuente (60%) es la trisomía, usualmente por no disyunción meiótica del ovocito o del espermatozoo previo a la fecundación. Las trisomías más frecuentes son la 16,21,22,18 y 13. La monosomía 45X0 es la segunda causa genética en frecuencia, corresponde a 25% de la totalidad de abortos y se debe a la pérdida de un cromosoma sexual o a no disyunción meiótica de los gametos. La triploidía es la tercera causa genética de aborto, corresponde a 12% de los casos y usualmente se debe a fertilización doble de un ovocito único. Las triploidías se asocian a degeneración molar (ver sección de mola hidatiforme). Los casos restantes pueden deberse a tetraploidías, translocaciones no balanceadas, inversiones o deleciones cromosomales. Las alteraciones genéticas se presentan más frecuentemente (80%) en los abortos sin formación de embrión, conocidos como gestación o huevo anembrionado. No obstante, solo se detectan alteraciones genéticas en 10% de los abortos en los que hay desarrollo fetal. Malformaciones congénitas complejas son causa de aborto aún con cariotipo normal. Las infecciones por Treponema pallidum, virus de herpes simple, parvovirus B19, citomegalovirus, virus de rubéola, virus de varicela, Mycoplasma hominis, Chlamydia trachomatis, Ureoplasma urealyticum, Listeria monocitogenes, Borrelia burgdorferi, infecciones urinarias y vaginosis bacteriana se han asociado a aborto. Trastornos endocrinos como insuficiencia de cuerpo lúteo, hipotiroidismo, diabetes mellitus e hiperandrogenismo son causa de aborto. Anomalías uterinas congénitas (útero unicorne y septado) y adquiridas (leiomiomatosis, sinequias e incompetencia cervical) constituyen un importante factor etiológico de aborto. Asimismo se han descrito trastornos inmunológicos como causal de aborto.
Diagnóstico
El aborto clínicamente se presenta como sangrado durante el primer o segundo trimestre de gestación, siendo la hemorragia vaginal el síntoma más común. Concomitantemente se presenta dolor y modificaciones del cuello uterino que se exacerban con la evolución del cuadro. El aborto se clasifica de acuerdo a la evolución clínica. La amenaza de aborto corresponde a sangrado genital sin cambios cervicales. El aborto en evolución corresponde a sangrado genital con permeabilidad del orificio cervical externo. El aborto inevitable corresponde a sangrado genital con permeabilidad cervical total. El aborto inminente corresponde a sangrado genital con permeabilidad cervical total y membranas abombadas a través del cuello. El aborto incompleto corresponde a expulsión de partes fetales o membranas ovulares. El aborto completo corresponde a expulsión total del contenido uterino. El aborto diferido corresponde a la muerte fetal sin expulsión del producto y el aborto séptico a cualquiera de los anteriores con signos de infección sobreagregada. Se debe realizar el diagnóstico diferencial con otras causas de sangrado del primer trimestre como mola hidatiforme y embarazo ectópico. Para tal fin es de utilidad la determinación cuantitativa de la gonadotropina coriónica humana y el ultrasonido transvaginal.
Tratamiento
El tratamiento depende de la fase en la que se diagnostica el aborto y el factor etiológico implicado. Si se trata de un caso de amenaza de aborto, aborto en evolución o inminente el tratamiento ideal es el reposo absoluto en cama, reposo sexual, hidratación y administración de antiespasmódicos. Se realizará ultrasonido transvaginal para determinar la ubicación del saco gestacional y la vitalidad embrionaria o fetal. Si se determina incompetencia cervical se procederá a realizar cerclaje de emergencia. La determinación de progesterona sérica es de utilidad para determinar los casos de insuficiencia de cuerpo lúteo y se administrará progesterona exógena en los casos positivos. Se debe realizar cultivo de secreción vaginal y urocultivo y en caso de infección se indicará el medicamento adecuado para cada caso en particular. Si se trata de aborto inminente o aborto incompleto, o si el ultrasonido detecta gestación anembrionada o muerte del producto se procederá a completar la expulsión de los restos ovulares mediante dilatación y curetaje. En casos de gestaciones avanzadas puede ser de utilidad la colocación de tallo de laminaria o la administración de prostaglandinas para dilatar el cuello uterino y completar la expulsión antes de realizar el curetaje. Algunos autores han comunicado ventajas de realizar el curetaje bajo guía ecográfica con la finalidad de evitar complicaciones como falsas vías, perforación uterina y retención de restos ovulares.
Si se determina algún factor etiológico como anomalías uterinas o infecciones crónicas deberá ser corregida para evitar problemas en embarazos subsecuentes. Igualmente si se detectan factores endocrinos o inmunológicos se deberá indicar el tratamiento preventivo adecuado en los siguientes embarazos. El riesgo de recurrencia de mujeres sin hijos vivos después de un aborto espontáneo es de 19%, después de dos abortos espontáneos 35% y después de tres abortos espontáneos de 47%. El riesgo de recurrencia de mujeres con al menos un hijo vivo después de un aborto espontáneo es de 23%, después de dos abortos espontáneos de 26% y después de tres abortos espontáneos de 32%. La evaluación de las posibles causas es de suma importancia en pacientes que han presentado varios abortos debido a que el chance de lograr un embarazo sin complicaciones es bueno con el manejo adecuado (ver sección de pérdida fetal recurrente).
EMBARAZO ECTÓPICO
Definición y etiopatogenia
El embarazo ectópico se define como la gestación en la cual se produce la implantación del huevo fertilizado fuera de la cavidad endometrial. Este fenómeno ocurre en 14 de cada 1.000 embarazos en la población general y la mortalidad materna es de 0,05%. La ubicación más frecuente del embarazo ectópico es en la trompa de Falopio aunque también puede desarrollarse en el ovario, abdomen y cuello uterino. El 99% de la ubicación ectópica de la gestación corresponde a la trompa de Falopio, ubicándose el 93% en la región ampular, 4% en la porción ístmica y 2% en la región intersticial (cuerno uterino). El 1% restante se puede presentar principalmente en el ovario aunque también en el cuello uterino o en la cavidad abdominal. La implantación anómala del huevo fecundado se asocia a lesión tubárica, generalmente inducida por infecciones pelvianas. La incidencia de embarazo ectópico ha aumentado considerablemente en los últimos 30 años por el incremento de la enfermedad inflamatoria pelviana; no obstante, la mortalidad ha descendido por el diagnóstico precoz clínico y ecográfico y la implementación de tratamiento médico o quirúrgico oportuno. Otros factores de riesgo son las cirugías tubáricas previas, adherencias por otras cirugías pelvianas, infertilidad por factor tubárico y uso de dispositivos intrauterinos por asociación a infecciones ginecológicas. Anomalías del transporte del blastocisto y trastornos cromosómicos también han sido asociados a embarazo ectópico.
Diagnóstico
Los signos clínicos de la enfermedad son hemorragia genital posterior a retraso menstrual, dolor abdomino-pélvico y masa anexial dolorosa al examen bimanual de la pelvis. La hemorragia usualmente se presenta entre 6 y 8 semanas posterior a la última menstruación normal. En algunos casos se pueden presentar síntomas asociados al embarazo normal como náuseas y vómitos que pueden confundir el diagnóstico. La punción del fondo de saco vaginal para acceder al espacio de Douglas (culdocentesis) es de utilidad en los casos de sospecha de embarazo ectópico roto y hemoperitoneo, el cual es corroborado al extraer sangre incoagulable al aspirar con jeringa y catéter de 18 Gauge. Se debe tomar en cuenta que lo rotura del cuerpo lúteo y la torsión anexial también son causa de hemoperitoneo. La cuantificación seriada de la fracción beta de la gonadotrofina coriónica humana es de gran utilidad para diferenciar el embarazo ectópico del embarazo intrauterino precoz y aborto. El aumento de la gonadotropina coriónica ocurre en forma exponencial en el embarazo normal, duplicándose el valor cada 2 días durante el primer trimestre. Si el aumento es inferior al esperado se puede sospechar embarazo ectópico y si ocurre disminución rápida se debe sospechar aborto. Adicionalmente la determinación cuantitativa de la fracción beta de la gonadotrofina coriónica humana es útil para determinar la capacidad de detección del embarazo intrauterino precoz por el ultrasonido. Con estimaciones de fracción beta de gonadotrofina coriónica humana iguales o superiores a 1.000 mUI/ml el ultrasonido transvaginal es capaz de detectar el embarazo si se encuentra ubicado dentro de la cavidad endometrial. La vía transvaginal es preferible a la transabdominal para el estudio ecográfico por su mayor resolución.
Tratamiento
Como se ha señalado, la mayoría de los embarazos extrauterinos ocurren en la trompa de Falopio. El tratamiento para estos casos puede ser médico o quirúrgico dependiendo de las características propias de cada gestación ectópica. El tratamiento médico requiere integridad de la trompa de Falopio, embrión sin actividad cardiaca y tamaño inferior a 3,5 cms de diámetro. El tratamiento médico consiste en la administración intramuscular materna de 50 mg/kg de peso de metotrexate. Si persiste el trastorno se puede recurrir a una segunda dosis 1 semana después de la anterior. Otra posibilidad es la inyección intrasacular de 15 mgs de metotrexate realizada por guía ecográfica o por guía laparoscópica. La tasa de éxito del tratamiento médico es de alrededor de 99% cuando cumple los criterios de inclusión. Los casos de embarazo tubárico que no cumplen los criterios para tratamiento médico deben ser tratados mediante cirugía. La salpingostomía lineal se puede realizar en casos de embarazos ectópicos no rotos, menores de 5 cms de diámetro. La técnica consiste en realizar una incisión longitudinal en la trompa de Falopio para extraer el tejido trofoblástico de su interior y la finalidad es preservar el oviducto y la fertilidad futura. Si el embarazo ectópico es de gran dimensión, si se ha roto el oviducto o se ha distorsionado considerablemente su anatomía se requerirá la extirpación de la trompa o salpinguectomía. En los cuidados postoperatorios se debe descartar enfermedad por trofoblasto persistente y se debe tener especial cuidado en administrar la vacuna Rhogam en casos de pacientes Rh – para evitar la isoinmunización. |